martes, 20 de diciembre de 2011

Despedidas que duelen.

Muchas veces en la vida nos tenemos que afrontar a despedidas por decisiones que tomamos, por comenzar una nueva vida, y otras despedidas que las lleva a cabo la mente de uno, tras notar la ausencia de alguien que en su momento podía haber sido un pilar fundamental en su vida.
Ambas despedidas duelen, quizás una más que la otra. Aunque en cuanto a las primeras sabemos o esperamos que en algún momento volvamos a ver esas personas, además las despedidas y estar un tiempo alejados de todos a uno le hace reflexionar y darse cuenta de a quien hecha realmente de menos, porque serán esas las personas a las que más quiere.
En cuanto a las otras, es difícil medir el tiempo durante el cual se estará pendiente de ese pensamiento y costará acostumbrarse a esa ausencia de aquella persona que hace un momento que aun estaba presente en este mundo.


"Adiós" quizás la palabra más difícil de decir cuando se siente de verdad.

También existen las despedidas en las cuales queremos dejar claro a una persona que ya no tiene
nada que hacer en nuestra vida, ya sea por problemas que nos haya causado o porque simplemente no nos aporta nada en la vida.
Independientemente del tipo que sean o como sean. Todas ellas marcan invisibles puntos de retorno en nuestra bitácora emocional. Una suerte de prólogo a nuestro regreso. Y bien es sabido que siempre se regresa.  



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